Dylan: una aproximación política (y III)

Por Arman Basurto.

Bob Dylan llegó al final en 1975, y de ahí no se ha movido desde entonces. Incluso su conversión al cristianismo en 1979 no llegó a afectar a la imagen que de él se tenía a grandes rasgos. ¿Cuál era esa imagen? La de un letrista excelso, la de un poeta genuinamente norteamericano. Ese es el último Dylan, el Príncipe de las Letras Norteamericanas.

El oráculo

1975 vio la salida de Blood on the Tracks, una cumbre más en la obra musical de Bob Dylan y un salto adelante en lo que a la lírica se refiere. El álbum tiene una gran influencia del proceso de divorcio que Dylan atravesaba en ese momento, y por ello hay momentos en los que de ese disco parece emerger un artista nuevo. Aparece un estilo mucho más descriptivo en las letras, y la cuestión política desaparece (al menos) de la temática general de las canciones.

 I lived with them on Montague Street

In a basement down the stairs

There was music in the cafes at night

And revolution in the air

Este es el álbum que nos presenta a un hombre distinto, a un hombre adulto. Bob Dylan entró finalmente en la mediana edad, y lo hizo como un tótem de la cultura norteamericana.

 Acudamos al último fragmento de la entrevista:

 Voz de hombre: ¿se considera fundamentalmente cantante o poeta?

Chico de juventud insultante: Me considero más bien un artista que canta y baila (risas).

Otra voz de hombre: Sr. Dylan, ya sé que no le gustan las etiquetas, probablemente con razón. Pero para los que ya hemos cumplido los treinta, ¿podría ponerse una etiqueta y tal vez decirnos cuál es su papel?

Chico de juventud insultante: bueno, yo me etiqueto como bastante por debajo de los treinta. Y mi papel es quedarme aquí todo lo que pueda.

Este mes, cincuenta años después, Bob Dylan ha ganado el Premio Nobel de literatura. Y lo ha hecho «por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción», en palabras del comité que entrega los premios. Esa visión del artista y de su obra comienza con Blood on the Tracks, y tiene a la ceremonia de entrega en Estocolmo como culminación.

Ante la noticia, la pregunta lógica es la que ya le hicieron en 1965: ¿estamos ante un cantante o un poeta? La respuesta de Dylan es categórica a este respecto: el es un artista que canta y baila. Pero (añade después) la etiqueta que lo define es estar bastante por debajo de los treinta, y manifiesta su deseo de mantenerse en ese punto. En Blood on the Tracks, Bob tira la toalla, y lo hace a los treinta y cuatro.

Ahora bien, al perder Dylan la etiqueta de “bastante por debajo de los treinta” (que, no nos engañemos, era la que lo protegía de ser tomado demasiado en serio) quizá perdió también la de “ser un artista que canta y baila”. “Ahora que ya no es un chico, quizá debamos juzgar su obra como lo que es”, parecieron pensar algunos.

¿Y qué es? Pura poesía a la que se puede disociar de sus melodías fácilmente, o incluso a la que se puede poner centenares de melodías distintas.

Toda disciplina del arte comienza en las calles, en los peores arrabales, y termina por ser enseñada en los salones de la academia. El bardo de Dulluth encarna como un Cristo moderno esa redención de la música popular norteamericana. Él fue tomado en serio antes que nadie (1963). Él fue crucificado antes que cualquier otro músico de su generación (1966); y él ha sido elevado a los cielos antes que ningún otro (en un continuo proceso que ha alcanzado su cénit este mes).

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Por todo ello, él tiene derecho a considerarse un poeta a fuer de escribir canciones o un cantor a fuer de intentar difundir sus creaciones poéticas. Esta es una doble identidad con la que se puede jugar como Dylan suele hacerlo en sus canciones, preguntándose uno si antes fue el huevo o la gallina.

Y, puesto que ya estamos en el final, aprovecho el juego de los espejos que supone esta doble identidad de nuestro Príncipe de las letras Norteamericanas para traer a este púlpito una última genialidad, All along the watchtower (1968). Les adjunto la letra entera, y les ruego encarecidamente que la lean tres o cuatro veces. Luego, vayan a youtube y escúchenla, a ver si la melodía les echa una mano a la hora de desenredar la madeja.


There must be some way out of here

Said the joker to the thief

There’s too much confusion, I can’t get no relief

Businessmen, they drink my wine

Plowmen dig my earth

None of them along the line know what any of it is worth

No reason to get excited, the thief, he kindly spoke

There are many here among us who feel that life is but a joke

But you and I, we’ve been through that, and this is not our fate

So let us not talk falsely now, the hour is getting late

All along the watchtower, princes kept the view

While all the women came and went, barefoot servants, too

Outside in the distance a wildcat did growl

Two riders were approaching, the wind began to howl.

Honestamente, no me atrevo a decir de qué habla la canción. Pero hay dos elementos que sí tengo claros:

  1. Hay un bufón, que cree que todo es un robo.
  2. Hay un ladrón, que cree que todo es una broma.

19-whitefaceVuelve el juego de los espejos, las dos imágenes que se oponen y a la vez se retroalimentan. Se abrazan la una a la otra, copulan y dan a luz una criatura como este poema, que habla de un encierro en el que conviven dos identidades que se contraponen como dos espejos entre los que entra el oyente, de forma que la figura de éste se repite hasta el infinito en los espejos.

Vayamos ahora a un futuro muy cercano. Tras la ceremonia de entrega del Premio Nobel en Estocolmo, Dylan toma un ascensor, aún con la medalla dorada sobre el pecho. En el ascensor, tres de sus paredes tiene espejos. Aburrido, nuestro hombre centra su mirada en una de las esquinas, y cada uno de los dos espejos que se unen en dicha esquina le dan un reflejo de sí mismo.

A la derecha, un literato, que cree que dar el Premio Nobel de Literatura a un simple cantante es un robo.

A la izquierda, un cantante, que cree darle el Nobel a Bob Dylan tiene que ser una broma.

·     ·     ·

Eso es todo, queridos lectores. Gracias por llegar hasta aquí. Creo que no hay mejor homenaje a Dylan (y muy especialmente a ‘All along the watchtower’) que concluir este interminable artículo de forma tan abrupta.

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