Luis Garicano: “Todos los países que han crecido han usado una misma receta”

Por Arman Basurto y Daniel de la Rosa.

Hay en Luis Garicano facetas que son muy atractivas a la hora de realizar una entrevista. Está ese perfil del académico exitoso en el extranjero que regresa a su país como el hijo pródigo reconvertido en gurú. Y está el del hombre que arroja su prestigio profesional al muladar de la política o, dicho en términos anglosajones, “throws his hat in the ring”. Garicano arrojó su sombrero londinense en el ring de la política española, y se puso el calzón naranja. 

De economía y de boxeo (que no es sino otro nombre plebeyo de la política) hemos hablado con él. Fue en una tarde de Junio, a caballo entre los espasmos del Brexit y el cansancio por unas segundas elecciones no del todo merecidas. De todo ello damos cuenta ahora, en una entrevista tardía, crepuscular y algo otoñal; pero que no ha perdido un ápice de vigor.

Bueno, quizá lo propio sería comenzar por el principio, glosando tu trayectoria académica.
Claro. Estudié Derecho y Ciencias Económicas en Valladolid, y al terminar tuve la oportunidad de ir a Brujas, al Colegio de Europa, gracias a una beca del Ministerio de Asunto Exteriores. Luego trabajé en la Comunidad Europea (estuve una temporada allí), y al de poco marché a Chicago. Allí hice el doctorado en Economía, porque lo de ser funcionario…pues no me gustaba mucho, bueno. Después de hacer el doctorado en Economía, me quedé en la Universidad de Chicago durante diez años. Primero como asistente, luego como asociado, y finalmente como catedrático. Y luego me he ido a la LSE; donde estoy desde entonces.
Parece que en España existe tradicionalmente una fobia a la política por parte de la Academia. En tu caso concreto, ¿qué te hizo dar el paso en involucrarte activamente en política?
En el año 2009, hice con varios compañeros un blog, llamado ‘Nada es gratis’ (http://nadaesgratis.es) que tuvo mucho impacto porque, bueno, fuimos los únicos que explicábamos la crisis con claridad. Estoy muy orgulloso del blog. No hay ningún artículo de los que haya escrito del que me arrepienta, porque pienso que logramos ver las crisis con bastante claridad. A partir del blog, que me vinculó con la economía española, etc. Escribí un libro titulado el “El dilema de España” (Editorial Península, 2014), en el que planteaba dos posibles futuros para nuestro país: un futuro populista y un futuro neo-europeo.
Albert Rivera leyó el libro y le gustó. Le gustaron las ideas, le gustó el proyecto económico, y por ello me pidió que me encargará del programa económico de Ciudadanos. El lanzamiento a nivel nacional del Partido estaba previsto para 2015, y así fue finalmente, y a partir de Noviembre yo me empecé a encargar del programa económico y lo empezamos a presentar. Hicimos cinco presentaciones en 2015.

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Lo cierto es que fue en esas presentaciones donde se produjo el despegue de Ciudadanos, que lo llevaría a presentarse en todo el territorio patrio en las municipales de Mayo de 2015. En las presentaciones, Garicano desgranaba las distintas propuestas caminando por un escenario desnudo. No había atril, ni siquiera un micrófono de mano. Ayudándose con un escueto pinganillo y una pantalla por la que desfilaban gráfica e ideas, aquellos primeros mítines tenían más que ver con una Ted-Talk o una lecture de la London School of Economics que con un partido político. El sello de factura anglosajona de nuestro entrevistado impregnaba, en fondo y forma, aquella aventura política.

El programa que avanzamos está recogido también en un libro, que escribí con Toni Roldán (Diputado de Ciudadanos por la circunscripción de Barcelona), y que se llama “Recuperar el futuro” (Ediciones Península, 2015). Como economista, para mí es muy bonito estar en Ciudadanos. Te has pasado una gran cantidad de tiempo pensando en qué hay que hacer, y alguien viene y te dice: “oye, pues venga. Vamos a hacerlo, vamos a ponerlo en práctica.
Y ahora, ¿te parece más difícil? Quiero decir, ahora que has tenido la oportunidad de ver los condicionantes, las dificultades para poner en marcha políticas, ¿eso te ha hecho replantearte qué es lo que hay que hacer?
Sin duda me parece que la política es muchísima más difícil que lo que se ve “desde fuera”. Es muy, muy difícil. Si, como economista, dices algo que sencillamente está mal…o dices una burrada… nadie está a cazarte. La gente te interpreta de la forma más favorable para ti, digamos. Pero en política… siempre estás en la cuerda floja. Si en un momento haces una afirmación que sea errónea, o que se pueda interpretar de dos maneras, siempre van a escoger la interpretación peor. Entonces, la gente termina quejándose de que los políticos hablen en politiqués. Pero es casi inevitable que lo hagan, porque están preocupados en todo momento por si dicen una palabra más alta que la otra, todo el mundo se va a agarrar a eso.
Entonces, es cierto que el ser político sí que condiciona. Tienes miedo al corte de diez segundos.
Sí, siempre lo tienes en la cabeza. Cualquier palabra que digas podrá ser usada en contra tuya. Y eso…hombre, puede hacerte perder frescura. Te quita de hablar como te gustaría.
Entremos un poco en las cuestiones económicas concretas.
Por favor.
Una duda que siempre he tenido muy a menudo, y que creo que es extensiva a muchos otros de mi generación, es que en el anterior ciclo expansivo (del noventa y seis al dos mil siete, aproximadamente) sí que es cierto que España creció con vigor. Pero los sueldos no lo hicieron al mismo nivel.
Lo que sucedió durante dicha expansión es que la productividad no sólo no subió, sino que decayó.
Efectivamente.
Es decir, el crecimiento de la productividad por empleado (o por hora, como lo quieras medir) no creció. En particular, la productividad total de los factores, por decirlo de una manera técnica, cayó el 0,7% todos los años desde 1995 hasta 2007, y esto es algo que no ha pasado en ningún país del mundo. Dicho de otra forma, estás produciendo más, pero cada vez estás gastando los recursos peor. Es el peor ejemplo de un boom. Y en ese sentido fue un boom muy basado en hacer más y más, en vez de en hacerlo mejor.
Pero, ¿cómo evitar eso en el proximo ciclo expansivo? Confiemos en que algún día éste llegará.
Nuestra visión es que solo hay una única receta. Todos los países que han crecido han usado una misma receta, que es invertir en educación, en innovación y en universidades, para tener uno de los mejores sistemas educativos del mundo. Tan bueno como nuestra sanidad. ¿Por qué no iban a ser igual de buenos? Esta es una pata, la del capital humano. La otra son las instituciones. Que las instituciones sean limpias, transparentes, honestas…es decir, que no tengan corrupción.
¿Formaría parte de esa receta el contrato único que propone Ciudadanos?
La idea es romper el muro entre contratación temporal y contratación indefinida que hay en España, que supone que a los trabajadores (jóvenes en particular) se les contrate con fecha de caducidad, y que estén dando tumbos de contrato en contrato sin poder aspirar a un puesto de trabajo de carácter permanente, que les permita construirse un futuro.
La mochila austriaca responde a la necesidad de hacer más portables las indemnizaciones. Estamos pasando de un escenario en el que todo el mundo trabajaba en un mismo empleo durante cuarenta años a un mundo en el que va a ser más normal cambiar de empleo. Hasta ahora, el seguro con el que contaba el trabajador era la indemnización por desempleo, pero ésta no va a ser un componente tan relevante cuando la gente esté cambiando de trabajo de forma continua.
Una de las críticas que se suelen hacer precisamente al contrato único (principalmente por parte de los partidos situados a la izquierda del espectro político) es que reducen las indemnizaciones por despido, que ya han sido sucesivamente reducidas por los Presidentes Zapatero y Rajoy.
No, no. La indemnización media en España es de un poco más de trece días, porque más del 90% de los contratos que se realizan disponen indemnizaciones de doce días. Realmente en España el despido libre existe ahora, con esta situación de contratación temporal. La gente no tiene ninguna protección. El contrato único subirá la indemnización media. No hay ninguna duda, y no es posible que suceda lo contrario.
Si alejamos el foco, nos encontramos con Europa. ¿Cuál es el futuro que le espera al TTIP? Y respecto a la crisis que la Unión como tal está sufriendo: ¿existe un plan B para Europa? ¿es posible una reformulación que haga que vuelva a ser percibida por la población del continente como un instrumento útil? Estas son solo algunas preguntas, pero lo que quiero plantear es que la Unión se halla en un estadio en el parece que solo puede ir hacia delante o hacia atrás, pero en ningún caso quedarse en donde está. Imagino que vuestra visión es que hay que ir hacia una mayor integración.
Nosotros pensamos que el Tratado de Libre Comercio es una buena cosa en sí. Es bueno que se facilite el comercio con los Estados Unidos, que se eliminen las cláusulas que obligan a las compañías americanas a buy American, a “comprar americano”. Y que se avance hacia el reconocimiento mutuo, de tal manera que los españoles podamos exportar nuestro jamón a América, por ejemplo.
Pero esto tiene que estar sujeto a salvaguardas. Derechos de los trabajadores, cláusulas medioambientales…
¿Y eso se está haciendo?
Mira, se critica mucho que se negocie en secreto, pero todas las negociaciones son siempre secretas. Una negociación entre compañías también lo es. Es fácil vender una concesión si has obtenido algo a cambio. Pero es muy difícil venderla si no tienes nada que mostrar. Es por ello que las negociaciones tienden a ser en secreto, y así se esta negociando este Tratado, como todos los demás tratados en la historia. Lo que habrá que hacer es evaluar este Tratado en su conjunto antes de aprobarlo, claro.
Y respecto al Plan B para Europa, el camino como dices solo puede ser una mayor integración. Incluso, con motivo del Brexit, escribimos un artículo (http://economia.elpais.com/economia/2016/06/10/actualidad/1465547620_657730.html) diciendo que lo que hacía falta para Europa era un Fondo de Seguro de Depósitos Común, un seguro de desempleo común (que sería una buena forma de tener una política fiscal común) con contratos europeos que dieran lugar a ese seguro y que mejorarían la contratación y permitirían hacerla más estable. Y profundizar en la unión fiscal con un Ministro de Finanzas Común y un bono común. Esas son las cosas que entendemos que contribuirían a crear una Unión más sólida.

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