El que negocia, cede

Por Inazio Arregi.

El que negocia, cede. Mucho, bastante o poco, pero cede. El que negocia y cede, acuerda. Mucho, bastante o poco, pero acuerda. El que negocia, acuerda y cede, tiene que vender… y esa suele ser la más ardua y desagradable tarea de quien negocia: vender a los cofrades que en un contraste programático algo se ha quedado fuera. O, por qué no, se ha introducido alguna novedad. Pasa siempre. En muchos casos, todo hay que decirlo, la venta del acuerdo no es tanto sobre el programa sino sobre la mano que se estrecha. Pero, igualmente, hay que vender. La cocina lleva inexorablemente a ello.

Tras un periodo de negociaciones en Euskadi, PNV y PSE firmaron un acuerdo de Gobierno. “¡Vuelven los años de Ardanza!” exclamaban algunos con ira; “¡El PNV renuncia a sus principios nacionalistas!” anunciaban otros esperanzados; había incluso quien aseguraba “El PNV no necesita a los socialistas, porque con ellos no suman 38”. Perspectiva histórica, contenido y estrategia; en ese orden. Vendieron sardinas a precio de lubina —sin desmerecer una buena sardina—, besugo en carnicería y carne en buen estado como desecho. Valoraciones positivas o negativas al margen, se hizo poco caso al contenido. Más bien nada. Es normal: la dinámica política ha tendido a esas simplificaciones; al “con quién” y no al “el qué” o al “para qué”. En parte, puede ser, como en cualquier contrato, a la sospecha de que una de las partes lo incumpla; pero, mayormente, sospecho, a la percepción partidista de compartimentos estancos, definidos e inamovibles… y al miedo al contagio. Un esquema que si bien es cierto aquí ha sido menos visible, ha tenido su influencia. Afortunadamente, no deja de ser un muro que se cae.

En primer lugar, la legitimación. Es algo que ha dado que hablar. Por parte del PNV hubo un refrendo de la Asamblea Nacional y por la del PSE, del Comité Nacional. La gestora socialista acogió con cautela el acuerdo y lo aceptó limitando el mismo a la legalidad; por su parte, dirigentes socialistas como Iceta lo han utilizado como ejemplo de diálogo a seguir en Cataluña. Nada parece indicar que con un PSOE sin responsabilidades de Gobierno en Madrid y buscando una cohesión interna pretenda dinamitarlo. Trabajemos sobre esta suposición.

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En segundo lugar, los beneficios estratégicos y políticos para ambas partes. El PNV, aunque no sume 38, consigue frenar los acuerdos legislativos, aprobación de leyes, que pudieran darse sin él. 29 y 8 son 37, no 38; pero 37 son más que 29 (PODEMOS y BILDU) y esos 29 son más que los 28 nacionalistas. Consigue además recuperar una relación rota con un partido que tiene peso en España y con el que en un futuro puede volver a tener responsabilidades de Gobierno. Cierra el pacto institucional que empezó en ayuntamientos y diputaciones forales. Consigue además trasladar una imagen de estabilidad al electorado. ¿Pero qué gana el PSE? Gana principalmente visibilidad y una situación privilegiada frente a su rival político PODEMOS en Euskadi, además de capacidad de mando en Gobierno Vasco e, internamente, algo que se ha pasado por alto: un pulso a determinada corriente. Gana también fuera de Euskadi la imagen “puente” del PSOE, que sin abandonar la moderación socialdemócrata, se le ve capacitada para elaborar una solución al problema territorial de España.

En tercero, los perjuicios estratégicos y políticos. Estos parecen más obvios. Si una buena gestión puede beneficiar a ambos, una mala perjudica con toda seguridad a los dos contrayentes, sean o no competentes en la materia mal gestionada. Además, para ambas formaciones será un acuerdo muy difícil de trasladar en aquellas zonas en las que exista una fuerte pugna electoral entre ambos partidos; como por ejemplo, la margen izquierda, Irún, Andoain… etc.

Diferenciando entre uno y otro, se puede reseñar por lo antes mencionado (las manos que se estrechan y no los contenidos que se firman), los interrogantes que genera al indeciso que duda entre PNV o BILDU el hecho de que el primero forme gobierno con un partido constitucionalista. Los mismas que se le generan a aquel votante que se debate entre PODEMOS o PSOE el hecho de que éste pacte con una formación calificada y clasificada como “de derechas” por los primeros y buena parte de los segundos.

Analizados pros y contras sin entrar en el contenido, es hora de echarse harina en las manos.

Partiendo del más comentado de los diferentes bloques en los que se configura el acuerdo, el de autogobierno, cabe hacer una precisión. Pese a ser el más extenso, éste es el más difuso de todos. Si bien es cierto que plasma un compromiso, el de defender el resultado de la Ponencia, concede libertad a las partes para defender su postura dentro de la misma. Es decir, aunque condiciona, no cierra el acuerdo propiamente dicho, sino que lo deja sujeto a un debate posterior. Fija como techo el ordenamiento jurídico (condicionado por su interpretación) y como suelo, no ya para el nuevo estatus, sino para el actual, la petición de que se materialicen las transferencias formales del Estatuto de Gernika, así como la oposición a todas aquellas invasiones competenciales que vengan del Estado (una vez más, sujeto a interpretación). No parece difícil no-respetar el suelo, máxime cuando no se tienen responsabilidades de gobierno en el ejecutivo central; pero en el techo, por contra, es más fácil que pueda darse. La interpretación del ordenamiento jurídico puede dar buen número de desenlaces. Una vez más, la resolución no dependerá tanto del cumplimiento taxativo de la Ley, sino de la voluntad política de ambas partes para interpretar las actuales y adecuar las nuevas. Una invitación al diálogo desterrando la confrontación netamente legislativa.

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En materia de pacificación, el acuerdo supone el compromiso por escrito de los socialistas a la propuesta de reorientación de la política penitenciaria que favorezca el acercamiento de presos, su integración en la sociedad, así como la transferencia de prisiones (algo que ya tienen en Cataluña). Un gesto que, de verse acompañado por el respaldo de Ferraz, sería un paso importante en el cierre de heridas.

Los demás bloques, pese a tener una gran importancia práctica, contienen muchos menos interrogantes. Son materias menos sensibles de verse condicionadas por el foco mediático y por el debate competencial. No obstante, hay una especialmente importante que sí puede verse afectada y que requerirá de un acuerdo con el ejecutivo central: la aprobación de la nueva Ley quinquenal de Cupo, así como las liquidaciones pendientes.

Por lo demás, se puede destacar dentro del acuerdo programático, la consolidación de políticas sociales, la búsqueda de un pacto educativo para una nueva Ley Vasca de Educación y el refuerzo del programa de becas.

Como decía al principio, el que negocia, cede. Mucho, bastante o poco, pero cede. El que negocia y cede, acuerda. Mucho, bastante o poco, pero acuerda. El que negocia, acuerda y cede, tiene que vender… y en un Gobierno sostenido por 37 sobre 75 parlamentarios habrá de negociar, habrá de ceder, habrá de acordar y habrá de vender.

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