La Comédie Française

Por Arman Basurto.

La V República Francesa, a diferencia de las anteriores, nació por un mero afán práctico. Entre ella y su predecesora no mediaron periodos de reacción ni derrotas ante Alemania, sino que se pasó de la IV a la V República sin solución de continuidad. Ello, por la escasa estabilidad de los gobiernos desde que se recuperó el juego político en el año 1948. Así, la Constitución del año 1958 establece un sistema semipresidencialista en el que el Presidente disfrutaba de un fixed term de siete años (posteriormente reducido a cinco) siendo antes elegido por sesión conjunta de la Asamblea Nacional y del Senado, y a partir de 1962 por voto popular, lo cual le daba un plus de legitimidad y favorecía que la Presidencia prevaleciese sobre el juego político. y en el que el gobierno dependía de su absoluta confianza. La consagración del Presidente como figura de autoridad y símbolo de la patria lleva el Gaullismo a la apoteosis, instaurando una suerte de cesarismo democrático que perdura en Francia hasta nuestro días. Si bien en un principio el Presidente era elegido por una suerte de Colegio Electoral equiparable al que pervive en Estados Unidos hasta nuestros días, pronto dicha formula fue sustituida por la elección a doble vuelta, de la que hablaremos a continuación. Solo atendiendo a la potencia política y al valor simbólico que la V República atribuye a la Presidencia se comprende el tremendo descalabro François Hollande.

Hay en esta Francia derrotada que nos ha dejado François Hollande un tímido intento por re-engancharse al circo político, un esfuerzo por creer que la lucha por la Presidencia va a tener trascendencia y va a permitir que Francia salga de la crisis de identidad que la está arrastrando al fondo de su historia. Francia elige a un César, y la República, a su Presidente. Ahora bien, para tratar de comprender cómo se va a desarrollar la lucha (y quién cuenta con más posibilidades de victoria), es fundamental relacionar dos hechos que, si bien no tienen nada que ver entre sí, van a condicionar como si de variables dependiente e independiente se tratase el tablero sobre el que Macron va a dar saltitos desde hoy y hasta mayo. La variable independiente es la victoria de François Fillon (un señor que fue primer ministro con Sarkozy, y que pretende llevar a la práctica un programa de liberalización extremo de la economía francesa que podría llevar al fin del Estado Social que alumbraron los trente glorieuses). La variable dependiente, la que siempre estaba, es el sistema electoral a doble vuelta, que une las culturas políticas europeas y americanas en una semana como si del viejo Concorde se tratase.

En Francia existe un sistema de elección presidencial mayoritario de doble vuelta. Esto es: por tratarse de un sistema mayoritario se requiere que el candidato elegido se imponga con la mayoría absoluta de los votos (Carter and Farrell, 2010). Para ello, se lleva a cabo una primera elección, en la que participan todos los candidatos. Una semana después, se celebra una segunda vuelta en la que los electores han de elegir entre los dos candidatos que mayores votos hubieron obtenido en la primera elección, pues son solo dos los candidatos que pasan a la segunda vuelta. Hay números literatura que analiza la trascendencia de los sistemas de elección presidencial en el sistema de partidos de los Estados. Hoy no nos vamos a meter en eso, pero sí vamos a dar una vuelta en torno a cómo esa doble vuelta influye tanto en las posiciones de los candidatos como en el voto estratégico de los electores.

Claro, el escenario (a grandes rasgos) es el siguiente. Por la izquierda, el front de gauche va a lo suyo, a pelearse con el PSF, sin tener muy claro si quieren creer que tienen opciones de pasar a la segunda vuelta. El PSF…bueno, el PSF está igual a grandes rasgos. Sólo les falta saber quién va a hacer de Rubalcaba en esta elección y después ver si logran llegar al treinta (¿treinta? No, ha sido el corrector), al trece por ciento de los sufragios en la primera vuelta.

En el centro está Emmanuel Macron, ministro de Finanzas bajo la presidencia de Hollande, con su plataforma-reunión de amigos ‘En Marche’. El movimiento es una suerte de reacción contra los políticos de carrera pero ejercido dentro de los límites de lo aceptable por el establishment político y el consenso republicano. En el centro resiste también el MoDém de Bayrou, aunque parecen tener claro que ésta no va a ser su elección.

En la derecha, Le Pen y Fillon se tientan, pero aun no se atreven a abrir fuego. En pocas ocasiones ha sido tan acusado el contraste entre derecha tradicional (liberalismo, defensa del atlantismo y los valores europeos) y el populismo de derecha, si es que se le puede llamar así (con su defensa del estado social, del patronazgo obrero, y de los Estados nación como elemento protector). O dicho de otra forma: hay una derecha para quienes no necesitan del Estado para sobrevivir y otra para quienes sí lo necesitan.

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Y aquí está la paradoja absurda de lo que está sucediendo en Francia. En un país en el que el terrorismo ha golpeado hasta poner en jaque la identidad nacional, en un país con el sistema partidos quebrado, con una Unión Europea a punto de caramelo y en las elecciones más derechizadas de la historia, nos encontramos con que el principal cleavage va a ser (wait for it) la necesidad de mantener el Estado del Bienestar o de reducirlo. Y que dicho debate va a monopolizarlo la Derecha. Para ese viaje no hacían falta tales alforjas.

Fillon es la variable independiente que ha traído este cleavage. Y la variable dependiente (el sistema a doble vuelta, al que ya me he referido anteriormente) lo que hace es condicionar las estrategias. Es por eso, por el hecho de que lo más probable según todas las encuestas es que los dos candidatos de derecha pasen a la segunda ronda, por lo que el cleavage que va a dominar es el del Estado Social. Y la certidumbre de que la segunda vuelta va a versar sobre eso va a condicionar a buen seguro los votos en la primera vuelta.

Con frecuencia se afirmaba que Le Pen tenía en Sarkozy su oponente ideal (por encarnar todos los vicios de la política tradicional), mientras que el moderado y cuasi-centrista Juppé no la era en absoluto favorable por su capacidad de absorber el voto republicano de izquierdas en la segunda vuelta. ¿Dónde queda Fillon? Bueno, ciertamente las encuestas nos indican que no sería un oponente tan desastroso como Sarko, pero el hecho es que su carácter puramente liberal puede afectar gravemente al voto republicano en la segunda vuelta. Si al voto obrero, a los votantes tradicionalmente de izquierdas, se les pone en las tesitura de optar entre la República o el Estado Social, quizá podamos llevarnos un susto. Por tanto, es ese cleavage el que hace peligrosa la elección entre Fillon y Le Pen, y el que puede llevar a que el voto a la izquierda de la UMP busque reagruparse, a fin de intentar colar a un moderado en la segunda vuelta.

Y ahí es donde entra nuestro hombre (es una forma de hablar, la hagiografía la dejamos para otro día). Emmanuel Macron, contra todo pronóstico, está logrando progresar en el competido espacio del centro, si bien aún permanece muy lejos de los dos candidatos en cabeza. Pero lo cierto es que parece tener un cierto vigor. Hace un par de semanas reunió a 13.000 personas en París, una demostración de fuera asombrosa para alguien que carece de un partido político. Su suerte vendrá determinada por dos cuestiones. En primer lugar, que llegue a algún tipo de acuerdo con Bayrou o que éste opte por retirarse de la carrera presidencial. El centro, que es como un acordeón (se ensancha y se achica de un día para otro), no puede tener a dos tipos sonrientes queriendo tocar su teclado. La segunda cuestión es su capacidad de consolidar el voto estratégico de quienes no quieren ver a Fillon ni a Le Pen ni en pintura, y para atraer voto moderado de la UMP. Para ello, sería necesario que el cleavage relativo al Estado Social empezase a adquirir relevancia pronto, para que el votante republicano medio no se llamase a engaño con respecto a Fillon.

Esta es, pues, mi humilde introducción al rigodón que vamos a ver en los próximos meses: un favorito (Fillon); una oponente que condiciona todo el baile (Le Pen); y un gallardo pretendiente que sobreestima sus fuerzas pero que, al fin y al cabo, quizá tenga alguna opción (Macron). Los demás, a fecha 23 de Diciembre de 2016, mera comparsa. Veremos si el contexto internacional y la olla a presión que es Francia dejan que los franceses se formen una opinión tranquilos. Eso sí, ténganlo claro: la Comédie Française ha vuelto.

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  • Encuesta de Odoxa para France 2. 25 de Noviembre de 2016.
  • Encuesta de Fiducial para Lyon Capitale. 16-17 de Noviembre de 2016.
  • ‘El exministro Macron presenta su programa en un multitudinario mitin en París’ La Vanguardia, 10 de Diciembre de 2016.
  • Carter, Elizabeth and Farrell, David M. (2009) Electoral Systems and Election Management [Forthcoming in Larry LeDuc, Dick Niemi and Pippa Norris (eds), Comparing Democracies 3, (London: Sage)].
  • Cheibub, José Antonio. 2007. ‘Presidentialism, Parliamentarism, and Democracy’ (New York: Cambridge University Press).
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