La vida del gran oso: del otoño soviético a la primavera rusa

Por Alex Soroiu.

La histórica fotografía de la bandera soviética ondeando gloriosa sobre el edificio del Reichstag es un fiel reflejo del comienzo de una era en la que la URSS tomó, junto a EEUU, las riendas de la comunidad internacional justo al final de la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la Guerra Fría. Ese mundo bipolar, no obstante, vio su fin en la última década del siglo XX y, con el esplendor soviético desvanecido, la nueva Federación Rusa tomó un papel secundario.

Fue el 25 de diciembre de 1991 cuando la bandera roja de la hoz y el martillo vio su ocaso y en su lugar, sobre el Kremlin de Moscú, se alzó humilde el tricolor de la Federación Rusa como símbolo de esa nueva configuración de las relaciones internacionales, de ese nuevo mundo con “un solo centro de poder”, “un solo señor, un solo soberano” – EEUU – en palabras del propio Vladimir Putin, pronunciadas en la Conferencia sobre Seguridad de Múnich en el año 2007.

LA DÉCADA OMINOSA: EL OSO DOBLEGADO

En la segunda mitad de la década de los 80, el Gran Oso de Oriente empezó a debilitarse y su antigua ferocidad, robustez y osadía se fueron desvaneciendo. En esta situación, entre los años 1985 y 1991, bajo la dirección de Mijaíl Gorbachov, la política exterior de la Unión Soviética tuvo un importante punto de inflexión. El „nuevo pensamiento” o novomyshlenie de Gorbachov abogó por la cooperación internacional abandonando la política competitiva y agresiva de sus predecesores. Un punto importante fue el abandono de la doctrina Breznev y el reconocimiento del „derecho soberano de cada pueblo de elegir su sistema social” (Andrei Makarychev 2010) rechazando, por tanto, cualquier tipo de intervención en la esfera interna de los países satélites. Además, Gorbachov quiso mostrar un compromiso claro de cooperación realizando varias concesiones, por un lado, con respecto a EEUU mediante la firma del acuerdo que permitía la adhesión a la OTAN de la Alemania unificada o con el START I para la reducción de armas estratégicas; y, por otro lado, con China por medio de la retirada de las tropas de Afganistán, la reducción de la presencia militar en la frontera entre ambos Estados, o con el fin del apoyo a la presencia militar de Vietnam en Camboya.

Tras 1991 y hasta 1996, con la disolución de la URSS, la nueva Federación Rusa de Boris Yeltsin siguió en cierta medida la política exterior de Gorbachov. Por medio de lo que se conoce como la diplomacia Kozyrev, la Federación Rusa dirigió su diplomacia hacia un acercamiento a Occidente. El por entonces Ministro de Asuntos Exteriores Andrey Kozyrev mantuvo una política pro-Occidente y reconoció en su discurso a EEUU como eje central en las relaciones internacionales. Sin embargo, el bombardeo de la OTAN en los Balcanes provocó una gran crítica interna a lo que se conocía como unilateralidad blanda. Así, Yeltsin sustituyó en 1996 a Kozyrev por Yevgeny Primakov.

Primakov modificó casi en su totalidad el discurso de Moscú, que paso a ser una defensa de la multipolaridad en las relaciones internacionales, una defensa de los intereses de Rusia en la escena global. Dos puntos importantes de esta etapa fueron el rechazo definitivo a la expansión de la OTAN hacia el Este y la delimitación de un área de influencia en el antiguo espacio soviético, elementos que la Rusia de Vladimir Putin conservaría a partir del año 2000.

EL GRAN OSO RENACE: LA RUSIA DE VLADIMIR PUTIN.

Para finales de siglo, el Oso sometido empezó a romper sus cadenas y a resurgir de entre las cenizas. La década ominosa de sombra, miedo, crisis y marginación tocó su fin exactamente a partir del 31 de diciembre de 1999 con la presidencia de Vladimir Putin que marcó el resurgimiento de Rusia en el plano internacional.

Las políticas económicas de Putin estabilizaron la situación interna del país que tras la disolución de la URSS se sumió en una profunda crisis. Esto fue de vital importancia para la Federación ya que redujo su dependencia del exterior y permitió retomar una política exterior enérgica y activa. La nueva postura internacional de la Rusia de Putin se basaba en políticas pragmáticas supeditadas a los intereses nacionales que buscaban hacer de nuevo de Rusia una potencia global.

Si bien, en un primer instante, hubo un intento de establecer relaciones cordiales con EEUU como se vio con la cooperación en materia de terrorismo o con el START II, este plan falló cuando el Presidente estadounidense George W. Bush abandonó el Tratado Antimisiles Balísticos que Richard Nixon firmó en 1972 con la antigua URSS. En este contexto, la Federación Rusa adoptó una retórica anti-estadounidense muy activa. Retórica que se pudo observar cuando Putin denunció una supuesta intervención de EEUU en la Revolución Rosa de Georgia en 2003 y la Revolución Naranja de Ucrania en 2004 para instaurar gobiernos contrarios a los intereses de Moscú o cuando Rusia se alineó junto a Europa en contra de la Guerra en Irak. No obstante, siguió la defensa de la multipolaridad democrática en las relaciones internacionales. Además, con el fin de conseguir la vuelta de Rusia como potencia global inició unas relaciones cada vez más estrechas en Oriente Medio, con Siria e Irán, especialmente en el campo armamentístico, y con carácter más económico estableció lazos con la Venezuela de Chávez, con Brasil, China e India. Por otro lado, se dedicó a consolidar el poder regional ruso aumentado el número de tropas en Tayikistán y Kirguistán y colaborando con los países de la Comunidad de Estados Independientes para una integración en materia de seguridad (Organización del Tratado de Seguridad Colectiva) y en el ámbito económico y energético (Comunidad Económica Euroasiática). Es más, el sector energético fue un elemento esencial para la política exterior de Putin. El potencial ruso en materia energética serviría para, no en pocas ocasiones, atacar factores amenazadores a los intereses de Moscú, especialmente, desde la Unión Europea, aunque también jugó un papel importante en Ucrania.

Asimismo, durante su presidencia hasta el 2008, Vladimir Putin utilizó elementos de la política exterior para mantener bajo control factores internos como se pudo ver la postura firme contra el terrorismo que le servía de justificación para sus acciones en Chechenia.

La presidencia de Putin se vio interrumpida por cuatro años en la que éste fue sustituido por Dmitri Medvedev. No obstante, el plan de acción exterior de la Federación no se alteró en sus elementos básicos y, probablemente, debido a la influencia que Putin seguía ejerciendo desde su nuevo cargo como Primer Ministro. Lo único que se podría destacar como diferencia entre ambas presidencias es su relación con los Estados europeos. Si bien durante la presidencia de Vladimir Putin las relaciones de la Federación Rusa dentro de Europa eran principalmente con Estados individuales, Medvedev abrió negociaciones a nivel supranacional, concretamente, con la Unión Europea y dentro del Consejo de Europa. No obstante, Dmitri no era tan oso para Rusia como indica su apellido y el 7 de mayo del 2012 Vladimir Putin volvió a ser elegido el auriga de la Federación.

A partir de la reelección la acción rusa en el plano internacional ha ido cambiando en ciertos aspectos comprensibles sólo analizando el documento publicado por el Ministerio ruso de Asuntos Exteriores en el año 2013 bajo el título de Concepto de política exterior de la Federación Rusa. El primer aspecto que se debe observar es que de la redacción del documento se puede extraer la percepción o imagen que Rusia tiene del exterior. Rusia percibe un cerco de contención a nivel global que genera en la sociedad rusa un sentimiento de inseguridad. A ello hay que añadir un elemento que sigue marcando Rusia desde el fin de la URSS y es la añoranza por la integridad territorial, por el antiguo espacio soviético. Estos dos puntos son de vital importancia para entender la política exterior rusa a partir del 2013 y el segundo aspecto que cabe ser analizado: las relaciones de Rusia con el exterior. La Federación en sus relaciones tiene una doble visión: por un lado, tiene una visión liberal de las relaciones internacionales promoviendo la cooperación y el mutuo beneficio, especialmente, en el contexto regional, en sus relaciones con lo que en lo documento se fija como espacio de especial interés: el espacio exsoviético; y, por otro lado, adopta en ciertos aspectos una posición realista con respecto a la OTAN. Asimismo, en este sentido es necesario mencionar que, si bien el documento sigue recogiendo la defensa de la multilateralidad democrática, en varias ocasiones se verá una postura de unilateralidad por parte de Rusia que lo justifica alegando que ante una inacción de sus aliados es necesaria una intervención unilateral de Rusia hasta que éstos estén preparados y dispuestos a colaborar. Además, las acciones rusas en el exterior también se han dirigido al fin de ganar más aliados, principalmente, desestabilizando gobiernos, interviniendo en procesos electorales e introduciendo noticias falsas en los medios de comunicación conducentes a la desinformación.

Con esto se observa que, a diferencia de los dos documentos del 2000 y 2008, en los que la finalidad de la política exterior rusa era mejorar la imagen de la Federación en la comunidad internacional y asegurar el puesto de Rusia como potencia global; el Concepto de 2013 refleja una nueva realidad.

El objetivo primario de la acción exterior rusa a partir del 2013 ha sido consolidar la posición de Rusia y asegurar la protección de los individuos, la sociedad y el Estado. Esto lleva a concluir que “Rusia continúa siendo un actor de primer orden, habida cuenta de su pertenencia al Consejo de Seguridad de la ONU como miembro permanente con derecho de veto, así como su poder militar (además de potencia nuclear) y su potencial económico, basado especialmente en su capital humano y sus ingentes recursos naturales y, sobre todo, energéticos”. Por esto mismo, como diría el canciller Schroeder en 2005, “una de las verdades fundamentales es que la seguridad de nuestro continente (Europa) no puede lograrse sin Rusia, ni desde luego contra ella” y las relaciones entre Rusia y EEUU son una pieza clave para la seguridad europea. Así, el gran interrogante que nos queda por responder es: ¿qué pasará ahora entre el Gran Oso moscovita y el Elefante americano?

P.D: recomiendo una canción rumana (subtítulos en inglés) relacionada con la caída de la URSS: https://www.youtube.com/watch?v=adRO9ouMolc

Bibliografía

  1. Makarychev, Andrei. “La política exterior de la Federación Rusa”. Anuario Internacional CIDOB. Publicado en Julio 2010.
  2. Ruíz González, Francisco J. “El concepto de política exterior de Rusia: un estudio comparativo”. Instituto Español de Estudios Estratégicos. Publicado en Junio 2013.
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