La UE, una bandada de pájaros

Por Arman Basurto.

Tuve la oportunidad de pasar unos días en Bruselas hace un par de semanas, y de visitar el Parlamento Europeo y la Comisión. Una vez allí, el epicentro de lo que se ha dado en llamar Unión Europea me procuró una visión tranquilizadora. En Bruselas, en la sala de máquinas,  los obreros trabajan a destajo, ajenos a los vientos laterales que amenazan con desestabilizar la nave.

Paradójicamente, los funcionarios y parlamentarios con los que tuve la oportunidad de cruzar alguna palabra no se hallaban en el Estado de pánico que la cobertura periodística de las elecciones que vienen este año (NE-FR-DE) y las (probablemente) difíciles negociaciones del Brexit hacían presagiar. Podría decirse que hay casi más preocupación por la extensión del rescate a Grecia (“nadie habla de lo que viene para Julio”, dicen) o por saber qué va a hacer Europa consigo misma en el futuro próximo. Es por ello que, en este mes de Marzo de apariencia intrascendente, hay tres fechas que pueden ser claves a la hora de determinar qué es lo que la Unión Europea quiere ser de mayor. Quizá tendría mayor sentido analizarlas en orden cronológico, pero considero que a efectos de este artículo es mejor referirnos en primer lugar a la última y terminar por la de en medio.

En unos pocos días, se celebra el sexagésimo aniversario de la firma del Tratado de Roma (o, mejor dicho, de los Tratados de Roma), que crearon la Comunidad Económica Europea y la EURATOM. Ante tamaña efeméride, la Unión y los líderes nacionales planean reunirse en Roma —dónde si no— y conmemorar el evento. Parece inevitable que se hagan las ya tradicionales apelaciones a la unidad de Europa, y que se recalque el rol que la Comunidad tuvo en garantizar la paz en el Continente (algo que hoy damos por descontado).

Ahora bien, en el horizonte hay un nubarrón. Theresa May no asistirá al evento y, tal y cómo se escucha en los mentideros bruselenses en estos días, hay escepticismo respecto a si ésta podría invocar el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea precisamente en la semana en la que se celebra una fecha de tal significatividad para la Unión. ‘Nadie es tan aguafiestas’, dicen palpándose la ropa. Veremos. Yo no creo que lo haga, pero el hecho es que a May le va a costar encontrar una fecha en primavera en la que la activación de la cláusula no interfiera en algún proceso electoral.

El hecho es que va a ser difícil que el lustre del evento que se prepara en Roma y el relanzamiento de la iniciativa política a nivel institucional logre sobreponerse al impacto negativo del comienzo de las negociaciones del Brexit y de los continuos desmanes a los que nos tienen acostumbrados dos ilustres miembros del grupo de Višegrad. Lo que sucede en Hungría y Polonia no debería horrorizar únicamente a quienes creemos en el proyecto Europeo, sino también a quienes pensamos que la democracia representativa con controles al ejecutivo es a día de hoy el único sistema que garantiza razonablemente los derechos de las minorías. Mientras escribo esto, leo cómo Polonia ha votado en contra de que un nacional suyo presida el Consejo Europeo, dando un ejemplo más a quienes afirman que las ampliaciones de 2004 y 2007 fueron un error.

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Es en este contexto de crisis y desintegración en el que, el día primero de este mes, se presentó en la sede de la Comisión Europea el llamado White Paper on the future of Europe o, dicho de forma más prosaica, el dossier en el que se analizan los posibles itinerarios que puede emprender la Unión a partir de este momento. Lo cierto es que el contenido del White Paper ha sorprendido bastante, básicamente porque un White Paper consiste en una estrategia, y no en una carta de restaurante para que los líderes nacionales escojan un modelo de Europa más a su gusto. Pareciese que Juncker ha sido consciente, de golpe y porrazo, de que la iniciativa en lo que respecta a la construcción institucional de la Unión reside en los Estados Miembros. Quizá esa sea la causa de que en el White Paper se esbocen cinco posibles sendas a recorrer (algo que me parece un acierto, pues ya era hora de que se bajase el balón al suelo y se empiece a hablar de una mayor integración con concreción).
Ahora bien, ¿cuáles son los cinco escenarios que se plantean? Repasémoslos rápidamente:

1. CARRYING ON o, como lo llamó El País, “más de lo mismo”. Esto es, ni avanzar en la integración, ni desmantelar la Unión. Personalmente, esta es la opción que menos viable me parece, a pesar de que sería mucho mejor que ir directamente hacia atrás. Si algo nos ha enseñado la crisis del Euro es que la integración se haya en un punto intermedio en el que el nuevo nivel competencial carece de algunas competencias necesarias para llevar a cabo una gobernanza efectiva (y me refiero principalmente a dos aspectos: la existencia de Schengen sin una política de fronteras y de asilo común; y los trastornos derivados de la asunción de competencias monetarias sin una mínima convergencia fiscal ni de los ciclos expansivos de las economías nacionales). Es por ello que parece difícil que la Unión pueda mantener el equilibrio que imponen los Tratados en su redacción actual sin perderlo en ningún momento.

2. NOTHING BUT THE SINGLE MARKET. Esta opción supondría una paradoja, pues llevaría a que la Unión saliese del shock post-Brexit convirtiéndose precisamente en aquello que Reino Unido lleva queriendo que sea desde la Single European Act (1986). Sin Reino Unido, la opción de dejar la UE en los huesos (esto es, las cuatro libertades que dan soporte al mercado único) es una opción especialmente atractiva para algunos Estados del Este.

3. THOSE WHO WANT MORE DO MORE, o la Europa a dos velocidades. Esto es, que algunos países puedan avanzar en la integración, y que ello no implique necesariamente que el marco normativo y competencial avance para todos los Estados. A día de hoy, parece la única forma posible de garantizar avances hacia una mayor integración, pero a la larga podría llegar a generar infinidad de problemas políticos, amen de complicar aún más el intrincado sistema institucional de la Unión.

4. DOING LESS MORE EFFICIENTLY. Básicamente, consistiría en dejar de lado el proyecto de construir Europa a imagen y semejanza de las atribuciones clásicas de un Estado, y pasar a hacer énfasis en aquellas áreas en las que la Unión tiene mayores dificultades para desarrollar una labor eficaz. Viendo los apoyos que ha suscitado, las áreas a recortar de aplicarse esta vía serían las relacionadas con la PESC y la acción política.

5. DOING MUCH MORE TOGETHER, esta es la propuesta canónica, la que la Unión tradicionalmente había defendido ante cada encrucijada, incidiendo en el aserto de que ‘de las crisis la Unión Europea sale con más integración’. Implicaría una reescritura de los Tratados de la Unión y de Funcionamiento, y a buen seguro una mayor atribución competencial (Unión Fiscal,;Mutualización de la deuda, quizá; una CSDP fortalecida como respuesta a Trump) para la Unión y una mayor potencia política para el Presidente de la Comisión, el del Consejo Europeo y la Alta Representante. La necesidad de unanimidad hace que esta vía (que a mi juicio es la óptima) aparezca en el corto plazo como una mera utopía a ojos de los analistas de Bruselas, vistas las posturas de los ciertos premiers que por allí se prodigan.

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Es el tercer punto de los propuestos por el White Paper, las dos velocidades, el que nos lleva al tercer momento trascendente para la Unión en este mes de Marzo (al menos en apariencia). En una cumbre ad hoc celebrada en Versalles, los Cuatro Grandes de la Unión (ya sin el Reino Unido) se han puesto de acuerdo sobre la forma en la que van a relanzar el proyecto Europeo. Y dicha forma no es otra que la ‘Europa a dos velocidades’ a la que ya se ha hecho referencia antes. Juncker les ha mostrado la carta, y los comensales ya han escogido. No se ha hecho referencia en la Cumbre a los ámbitos en los que se va a avanzar, pero Marc Bassets abunda también en la idea de que la cooperación en defensa es una de las principales prioridades tras la victoria de Trump. A pesar de lo transitorio de los liderazgos que allí se reunieron (resulta una paradoja que sea Rajoy el que tiene más despejado el camino para seguir presente en la próxima cumbre), parece que se va a apostar finalmente por que quienes más quieren avanzar puedan hacerlo sin necesidad de esperar al resto. Es una apuesta por el pragmatismo, sí, pero al mismo tiempo un reconocimiento (casi la asunción de una derrota) de que la Unión cada vez lo es menos. La Unión aparece así como una bandada de pájaros, en la que algunos optan por vencer la resistencia que hace el aire y otros parecen rezagarse. Confiemos en que la “V” no se rompa, y que Holanda nos dé hoy una alegría.

Gracias a deba-t.org y a la Representació de la Comissió Europea a Barcelona por permitirme conocer desde dentro las instituciones de la Unión.

Para saber más:

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