No es oro todo lo que reluce

Por Pablo Rodríguez.

Parece un buen momento -en realidad, lo es tanto como cualquier otro- para escribir sobre un tema que suele mencionarse, en un segundo plano, sin que se le llegue a prestar mucha atención o sin ser muy explicado. Aprovechando pues que ahora mismo no está en la actualidad, intentaré hacer un artículo introductorio sin ese molesto condicionante que es estar en la mira mediática.

Les hablo del patrón oro. Un sistema monetario que consiste, básicamente, en que la moneda (o el dinero, mejor dicho) puesto en circulación viene respaldado por un bien tangible con valor propio. Dicho así no suena demasiado claro. Por ello, es mejor comenzar por el principio y entender así a qué nos estamos refiriendo.

  1. El dinero

Retrocedamos en el tiempo, hasta la Antigüedad. A medida que el hombre se vuelve más y más sedentario, la necesidad de intercambios fomenta la aparición de diferentes modelos para realizar éstos. Primero se recurrió al trueque, el método más sencillo que consiste en intercambiar un bien por otro. El principal problema que aparece, sin embargo, no es menor: cómo estandarizarlo. Si se me da un cerdo por dos gallinas, ¿equivale una gallina a medio cerdo? Y ¿a qué tipo de cerdo? ¿debe calcularse a peso? ¿valen lo mismo las distintas partes del cerdo? Dicho de otra forma: con el trueque es difícil comparar si un bien está caro y otro barato, ello por no hablar de toda la información que contienen los precios (la escasez de los bienes, su demanda, su oferta…).

Aparece entonces lo que conocemos como dinero: un bien de referencia que servirá para poder comparar los precios de todos los bienes, favoreciendo los intercambios de forma sencilla y comprensible para todos. Todo lo que se quiera intercambiar se lleva a una escala, por ejemplo, de huevos de gallina para que pueda contener esa información. Una vaca son 50 huevos, un cerdo son 40 huevos, un saco de trigo son 20 huevos, etc. Para esto se fueron utilizando diferentes bienes. La sal, por ejemplo, tuvo su buena época. Pero, ¿qué características ha de tener ese bien de referencia?

Primero, ha de ser duradero. Los productos comestibles y perecederos son complicados por esto mismo. Segundo, ha de ser divisible. Si cogemos un cerdo (por seguir con el ejemplo), difícilmente podemos llegar a elementos más pequeños (¿la cabeza es 1/8 cada pata ⅕ etc.?). Tercero, ha de ser homogéneo. Cada vaca y cada cerdo son diferentes, en función del peso, altura, etc. En definitiva, por no dar demasiados rodeos, se llegó a los metales. Y de entre todos ellos, uno que no fuera excesivamente abundante –esto es, que tenga cierto valor por sí mismo- y difícilmente imitable. El oro, por supuesto, es aquí donde entra en escena, destacando por sus ventajas en los campos descritos.

Bajo este sistema, las personas se hallan dispuestas a conseguir un bien o desprenderse de él en función de una cierta cantidad de oro, que nos va a permitir, en el momento futuro que queramos, adquirir otro bien. Aquí entran en juego todas las características. Se puede hacer esto por la confianza en la moneda, en que no nos van a timar porque es difícil de imitar, en que podemos llevarlo a otras partes y allí será aceptado porque es homogéneo y no cambia, y en que podemos dividir la cantidad de oro en tantas partes como queramos.

Con todo, a lo largo de la historia, se ha utilizado más frecuentemente la plata. En todo caso, nos estamos refiriendo al mismo concepto de sistema de intercambio. Por ello, cuando se habla del patrón oro no se hace estricta y necesaria referencia al oro, sino al sistema como tal. El origen de las monedas tal y como las conocemos hoy en día responde básicamente a la estandarización de ciertos tamaños/pesos de oro u otro metal como unidades básicas para el intercambio.

Sin embargo, el oro -o el metal elegido- tiene un problema bajo esta forma. No es fácil de transportar en grandes cantidades. Mucho peso y mucho espacio. Aparece entonces el concepto de letra de cambio, el antecesor de los billetes o papel moneda.

Hay un papel, que como tal no tiene gran valor, pero que se haya respaldado por una cantidad de oro guardada y almacenada. La presencia física del oro es cada vez menos necesaria. En el banco el oro está a buen recaudo, y es más práctico manejarse con el papel. Aquí ya se atisba un problema propio, el de la reserva fraccionaria. Esto es que los bancos presten dinero sin tener un respaldo del mismo. Pero esto no está estrictamente relacionado con el patrón, pues se da cualquiera que sea el sistema, y se merecería su propio artículo.

Finalmente se pasa a la centralización de este sistema. El Estado, o un ente estatal, es quien emite la moneda -en régimen de monopolio- y quien la respalda oficialmente. En Estado Unidos, la Reserva Federal. En Reino Unido, el Banco de Inglaterra, en la zona Euro, el Banco Central Europeo. Son los conocidos como bancos centrales, encargados de la política monetaria. Sin embargo, a día de hoy no se usa el patrón oro, que sería lo lógico por cómo he explicado la evolución del dinero. Una simple comprobación de cómo eran los billetes americanos antes y ahora deja clara la idea:

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Por tanto, ¿qué ocurrió para llegar al sistema actual?

        2. El sistema monetario

Ahora que ya tenemos el marco conceptual de lo que es el dinero, es hora de entrar realmente al tema y comparar las diferentes formas de hacer funcionar el sistema monetario. El patrón oro, que ya se ha explicado, y el actual, sin patrón oro.

Es importante entender por qué se pasa del patrón oro al sistema actual y lo mejor es hacer un breve repaso de la historia reciente.

Empezamos directamente en mitad del siglo XIX, momento en el cual los principales países del mundo mantenían el patrón oro. Así fue hasta 1914, periodo durante el cual el sistema funcionó con eficacia manteniendo los precios estables y un equilibrio de los compromisos exteriores. Durante la Primera Guerra Mundial, por las necesidades de la guerra, los países necesitaron poder recurrir a más dinero. Esto, dentro del patrón oro, es algo imposible ya que necesitas un respaldo equivalente (aumentar la cantidad de oro). Ante esta necesidad, quitaron el patrón oro de facto. Una vez finalizada la entente, los países estaban convencidos de que el régimen del patrón oro era indispensable para el equilibrio de la economía –si bien en ese entonces un joven economista llamado John Maynard Keynes ya propugnaba por un sistema alternativo- por lo que estaban decididos a restablecerlo. Se reunió en Génova una conferencia monetaria en 1922 para tratarlo, cuya propuesta final fue la instauración del patrón cambio oro; un sistema intermedio que recogía varios compromisos y resoluciones, permitiendo una oferta monetario más elástica de los países, puesto que autorizaba a los bancos centrales a mantener reservas no solamente en oro sino en monedas convertibles a oro, y también los autorizaba a intervenir en el mercado para “moderar” las grandes fluctuaciones del precio del metal.

Este sistema no duró mucho. Al llegar la depresión de 1929, los países fueron paulatinamente abandonando sus compromisos monetarios internacionales. Se entró en una espiral de devaluaciones de la moneda para competir, unido a restricciones en el comercio y en los pagos internacionales. Estas políticas de empobrecer al vecino durante la Gran Depresión provocaron las represalias de los otros países y con frecuencia condujeron a los países a situaciones finales peores.

Finalmente, estando ya cerca el final de la Segunda Guerra Mundial se plantearon los acuerdos de Bretton-Woods del 44’. Aquí se enfrentaron la propuesta de Keynes, quien abogaba por eliminar el patrón y crear una nueva divisa internacional que lo sustituyera, con la propuesta americana, que proponía imponer el patrón cambio-dólar, convirtiendo la moneda estadounidense en la referencia de las demás y en la única que tenía una convertibilidad directa al oro (una onza de oro = 35$) mientras las demás monedas tendrían convertibilidad con el dólar a un tipo fijo.

Se impuso la opción americana en un acuerdo internacional que buscaba terminar con las prácticas de competencia nacionalistas que se han explicado anteriormente, entendiendo el papel fundamental que jugaba la cooperación internacional. Se creó a  tal efecto el Fondo Monetario Internacional.

Esto duró hasta que en 1971 Nixon anuló la convertibilidad del dólar por los costes de la guerra de Vietnam entre otros motivos, pudiendo así llevar a cabo una necesaria devaluación de la moneda.

Como se puede constatar el abandono del patrón oro siempre responde a la necesidad de poder cambiar con mayor flexibilidad el precio del dinero. Actualmente, gracias a la oferta monopolística de los bancos centrales, se puede fijar este precio (llamado tipo de interés).

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Pero, y yendo al quid de la cuestión, es importante comprender las ventajas y desventajas que presentan ambos sistemas monetarios.

La principal característica al sistema llamado de dinero blando o dinero fiat es que permite de forma discrecional aumentar o disminuir la oferta monetaria, de forma centralizada. Convierte así la política monetaria en una herramienta con amplias capacidades. La crítica, desde la Escuela Austríaca, es que los bajos tipos de interés fomentan la inversión desatada creando burbujas. Además, permite la guerra de divisas con la que se quería acabar después de Bretton-Woods.

Con el patrón oro, la cantidad de oro a nivel global es relativamente fija y da por tanto una estabilidad global al dinero. Sin embargo, los intercambios comerciales suponen o pueden suponer entradas y salidas en las reservas nacionales, sobre todo en aquellos países muy importadores o muy exportadores, pudiendo generar un problema. Deja al Estado con las manos atadas prácticamente en cuestiones de política monetaria. Así, pasan a tener una herramienta menos a la hora de ajustar sus economías.

Es cierto que las implicaciones económicas van aún más allá, aunque con esto nos podemos hacer una idea aproximada. Personalmente creo que Keynes propuso el modelo más interesante y que combina mejor las ventajas de ambos sistemas, con la creación de una divisa internacional de referencia (el Bancor), cuyo precio vendría dado una selección de una treintena de commodities básicas entre las que estaría el oro.

Y es que, como curiosidad histórica, el presidente Roosevelt pretendía en un principio adoptar un sistema parecido bajo la moneda Unitas, pero finalmente apoyó el patrón oro (un sistema mejor visto por los Republicanos) que fue el sistema propuesto en Bretton-Woods por la delegación americana.

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Fuentes:

https://bancacentral.wordpress.com/definiciones/patron-oro/

http://www.gaeap.com/index_archivos/Page3274.htm

http://economipedia.com/historia/acuerdos-de-bretton-woods.html

https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2012/05/23/respuestas-a-diez-objeciones-al-patron-oro/

http://nadaesgratis.es/santos/a-vueltas-con-el-patron-oro-2-por-que-se-abandono-el-patron-oro

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